Hace ya 30 años se decidió poner punto y final a una terrible época para este país. Para ello se redactó esa Carta Magna, la tan archiconocida Constitución Española. En su momento fue un parche que ha permitido vivir en concordia a este país, pero, en definitiva un parche. Hoy en día, son muchísimas las generaciones que viven sometidos a una constitución en la que no han tenido voz ni voto, prácticamente la mitad de la población. Una constitución desfasada, en una sociedad muy diferente a la sociedad de hace 30 años. Pero eso no parece importarle para nada a según que posiciones políticas. El querer una constitución intocable a toda costa solo puede calificarse de antidemocrático, y esto deberia ser inconcebible en políticos que se supone hablan en nuestro nombre. (Algún día se darán cuenta los ciudadanos de que los políticos no nos representan, sino que nos gobiernan. Muy a mi pesar…).
Sin embargo, una democracia sana debe ser alimentada con cultura y información sobre lo que nos rodea, además de diálogo partiendo del respeto. Para que estos alimentos no se estropeen y se pudran deben ser cultivados y cuidados con esmero, cosa que no podemos afirmar que estemos cumpliendo. Así, nuestra “democracia” con pies de barro está enfermando por momentos, necesita como mínimo antibióticos para estabilizarse. A partir de ahí, intentemos cultivar de nuevo esa cultura, información, diálogo y respeto, antes de que nuestra caída al pozo sea tan profunda que no podamos salir de ella.