En un colegio llamado Tierra convivían muchos alumnos de todas las razas, etnias, culturas, lenguas… Como en todo colegio había el cabecilla de grupo, sus seguidores incondicionales, los que intentaban pasar desapercibidos y los pringados, los sufridores del mobbing escolar. En esa escuela, la excusa para el mobbing era conseguir una fuente de energía, aunque agotable. Para ello utilizaron todo tipo de métodos, engaño, persuasión, y todo tipo de demostraciones de poder. Como muy bien sabemos, los profesionales de los centros, (en este caso les llamaremos por ejemplo ONU, o TPI) hasta ahora, no han estado mucho por la labor de apoyar a los alumnos sufridores de mobbing. Esta escuela no fue ninguna excepción, los profesores, no fueron capaces de (o no quisieron) enseñar a dialogar y, en su momento, de penalizar los malos comportamientos.
Esta escuela llamada Tierra es la escuela de todas las escuelas. Y si la madre de las escuelas falla en sus bases, es imposible que las demás lleguen a buen puerto.
Vivimos en el recreo de un colegio donde impera la ley del más fuerte.